Son Negre
El paisaje es una serena extensión de un prado de flores silvestres, dominado por un mar de pequeñas y delicadas flores blancas y amarillas que se mecen suavemente con la brisa. El campo se extiende hacia un telón de fondo de colinas ondulantes, cuyas suaves pendientes están cubiertas de una mezcla de densa y oscura vegetación. Un solo árbol prominente destaca contra el horizonte, su silueta añade un toque de drama a la escena, de otro modo tranquila. El cielo es de un azul claro y pálido, sugiriendo un día suave y agradable. La atmósfera es pacífica y silenciosa, con un sentido de belleza natural intacta típica de caminos rurales como el camí dels Rossells.