En un entorno sereno y rústico típico de Mallorca, dos grandes esculturas de conejos estilizados descansan sobre un parche de tierra. Las esculturas, una de un blanco suave y la otra de un gris apagado, están anidadas bajo la sombra de un extenso olivo, cuyas ramas están densas de hojas. El suelo es una mezcla de tierra seca y hierba escasa, lo que sugiere el clima mediterráneo. En el fondo, un muro de piedra tradicional, característico de la arquitectura rural de la isla, añade textura y profundidad a la escena. La atmósfera es tranquila, con un cielo nublado que proyecta una luz difusa, realzando los tonos naturales y sutiles del paisaje.