La escena captura un paisaje de humedal sereno en Mallorca, España, con aguas tranquilas que reflejan la suave luz difusa de un cielo parcialmente nublado. El primer plano está salpicado de pequeños islotes cubiertos de hierba, cuyos tonos terrosos contrastan con los suaves azules del agua. A lo lejos, una línea de aves blancas descansa a lo largo de la orilla, añadiendo un sentido de tranquilidad y vida a la escena. Más allá de los humedales, el fondo presenta colinas onduladas y montañas distantes, cuyos matices azul-gris apagados se mezclan suavemente con el horizonte, creando una atmósfera pacífica y expansiva.