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¿Existen calas o playas tranquilas y poco conocidas para descubrir en la isla?

El leve aroma a pino y aire salino suele guiar a los visitantes aventureros fuera de las rutas habituales a lo largo de la costa de la Serra de Tramuntana. Una de estas pequeñas calas es Cala Llombards, una ensenada escondida donde aguas turquesa acarician suavemente una franja de fina arena, mucho menos concurrida que las playas populares cerca de Palma o Alcudia. Pequeñas embarcaciones se mecen en la bahía y los acantilados circundantes ofrecen una sensación de intimidad y protección, ideal para un baño o tomar el sol con tranquilidad.

Más al norte, cerca de Formentor, hay un lugar oculto conocido sólo por los lugareños: Cala Figuera. Su orilla de guijarros y las aguas poco profundas y transparentes ofrecen excelentes oportunidades para el esnórquel, a menudo sin apenas visitantes. Una breve caminata por los acantilados brinda vistas panorámicas de la escarpada costa y las colinas cubiertas de pinos. Esto es sólo un ejemplo de los rincones más tranquilos de la isla, accesible por las sinuosas carreteras Ma-2210 o mediante un servicio selecto de autobuses TIB.

Para quienes estén dispuestos a adentrarse un poco en el interior, las playas cercanas al Parque Natural de Cala Mondrago ofrecen una mezcla de bahías de arena populares y otras más discretas, rodeadas de pinares y humedales. Las visitas a primera hora de la mañana revelan tramos escondidos donde los únicos sonidos son el canto lejano de aves y el suave murmullo del mar. Explorar estas calas supone un contraste refrescante frente al bullicioso Es Trenc, a sólo un trayecto por la Ma-19, combinando belleza natural con un ritmo más tranquilo. Aquí, la sombra de algarrobos y olivos ofrece un breve respiro tras un día en las arenas bañadas por el sol.