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¿Dónde se puede detener para comer o beber al conducir por el campo de Mallorca?

Siguiendo la Ma-13 a través de las montañas de la Tramuntana, es imposible resistirse a la tentación de hacer una parada en Valldemossa o Deià, donde cafeterías y bares ofrecen la oportunidad de relajarse con sabores locales tras recorrer carreteras pintorescas. Un plato de pa amb oli, elaborado con pan rústico, aceite de oliva local, tomates y sobrassada, combina perfectamente con una copa de refrescante vino tinto Binissalem o un chupito del perfumado licor Hierbas. Muchos pequeños cafés se enorgullecen de preparar platos con productos de granjas y panaderías cercanas, por lo que se pueden esperar sabores auténticos de temporada.

Si su ruta se acerca a la costa, considere hacer una pausa en Port de Pollença o cerca de Cala Mondragó, donde los bares junto a la playa suelen servir Palo frío, un vermut aromático y amargo típico de la zona, acompañado de tapas de marisco recién capturado. Para terminar con un toque dulce, la ensaimada de una pastelería local es imprescindible y va muy bien con un café de la tarde. La red de autobuses de la isla, el TIB, también conecta muchos pueblos y playas, lo que facilita estas paradas culinarias incluso sin coche.

Los locales suelen recomendar rincones escondidos en callejuelas estrechas o junto a olivares, así que no dude en pedir sugerencias. Desde un mercado rústico en Manacor hasta una bodega humilde junto a la carretera cerca de Formentor, los mejores descubrimientos llegan cuando se sigue el apetito fuera de las rutas habituales.