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¿Cómo se lleva a cabo la recogida de algarrobas en Mallorca en comparación con otros cultivos frutales?

Los habitantes de la isla suelen abordar la recogida de algarrobas con un ritmo marcado por el clima mediterráneo y las prácticas tradicionales, más que con métodos industriales modernos. Los algarrobos, distribuidos por fincas rurales y a lo largo de las estribaciones de la Serra de Tramuntana, producen vainas duras y marrones que maduran a finales del verano. A diferencia de frutos más tiernos como las almendras o los higos, que se recogen húmedos y frescos, las vainas de algarroba deben estar completamente maduras pero no demasiado secas antes de la cosecha para conservar su dulzura natural. Este equilibrio es crucial, ya que una vaina excesivamente seca pierde sabor y calidad, por lo que la recogida se realiza cuidadosamente cuando las vainas comienzan a oscurecerse y endurecerse.

La recolección suele hacerse de forma manual: se sacuden las ramas con las manos o se golpean suavemente con palos, lo que hace que las vainas caigan sobre lonas extendidas bajo los árboles. Este método difiere de la recogida directa de frutos de las ramas o en racimos, ya que las vainas caen libres y es necesario recogerlas del suelo. Después, las vainas se secan al sol, a menudo en patios en terrazas en pueblos como Valldemossa, lo que aumenta su concentración de azúcares y permite almacenarlas durante más tiempo sin refrigeración. El secado es esencial para transformar estas duras y fibrosas vainas en un ingrediente dulce y utilizable.

Tras el secado, las vainas de algarroba son partidas y se les extraen las semillas antes de molerse para obtener el conocido polvo dulce o jarabe que suele encontrarse en los mercados locales. Este proceso contrasta con cultivos cercanos como las aceitunas, que se prensan frescas para obtener aceite, o las almendras y los cítricos, que suelen consumirse enteros o en zumo. La resistencia de la algarroba al calor y su sencilla elaboración reflejan la tradición agrícola de Mallorca, especialmente en zonas montañosas o áridas donde los cultivos que necesitan mucha agua tienen más dificultades. Esta antigua tradición ofrece una visión de la vida rural en la isla y de la paciencia sutil que los agricultores aplican cada otoño durante la temporada de algarrobas.