La escena captura una escultura única de un rinoceronte construida a partir de bloques cúbicos grises apilados, dándole una apariencia pixelada. Se encuentra sobre una superficie de grava, rodeada de muros de piedra rústica que exudan el encanto de la arquitectura mediterránea tradicional. La pared detrás de la escultura presenta un mosaico geométrico colorido que añade un contraste vibrante a los tonos terrosos. El cielo está nublado, proyectando una luz suave y difusa sobre el área, creando una atmósfera tranquila y contemplativa. La exuberante vegetación que asoma detrás de la pared insinúa la belleza natural típica de los paisajes de Mallorca.