Una gran escultura abstracta de un animal se erige prominentemente en un parche de suelo seco y terrenal, rodeada de algunos mechones de hierba. La escultura es suave y de un gris claro, con características simples y redondeadas que le dan una apariencia caprichosa. En el fondo, los troncos retorcidos y las hojas plateadas de los olivos crean un fondo natural y rústico típico del paisaje mediterráneo. El cielo nublado proyecta una luz suave y difusa sobre la escena, realzando los tonos apagados y la atmósfera tranquila del entorno.