Palma

En la cálida luz dorada típica de la Costa de la Seu, un trío de esculturas de pájaros de bronce se posa sobre un cuenco de piedra texturizada. La superficie de la piedra es áspera, con variaciones naturales y grietas sutiles, añadiendo una sensación de antigüedad. Los pájaros, en posturas realistas, parecen interactuar entre sí, su brillo metálico contrastando con los tonos terrenales de la piedra. Detrás de ellos, la pared está hecha de grandes bloques de piedra desgastados, cuyas superficies están marcadas por el tiempo, realzando la atmósfera serena y atemporal de la escena.

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